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Galileo, el hombre PDF Imprimir E-mail
Autor: Gabriel Rodríguez  J.
Socio N° 41

NOTA: este artículo fue seleccionado del boeltín de ACHAYA de agosto de 1992.

Galileo nació en Pisa en 1564, el mismo año en que muere Miguel Ángel y nace Shakespeare. Fue el hijo primogénito de Vicente Galileo, músico eminente y buen matemático. Su mujer Giulia Ammannatti, madre de Galileo, tuvo siete hijos de los cuales sobrevivieron cuatro.

Galileo tenía grandes habilidades manuales, dedicándose cuando niño a construir novedosas juguetes de madera. Más tarde esa habilidad e inteligencia la aplicaría con éxito a las ciencias físicas.

Su padre le hizo estudiar medicina, pero el joven pronto la dejó por las matemáticas, la geometría y la mecánica que le "enloquecieron" cuando la conoció en la universidad.

Si en las artes no brilló fue porque se dedicó por entero a la física y la astronomía. No obstante fue un dibujante y pintor sobresaliente, aparte de poeta, literato y músico, que tocaba hábilmente el laúd. Estas innumerables inquietudes juveniles le hicieron dejar la universidad sin titularse.

Combinaba magistralmente el razonamiento matemático con la experimentación, la que era una necesidad instintiva e imperiosa en él, que nadie le enseñó, porque en esa época lo experimental era un sacrilegio: la verdad de la Naturaleza era parte de Dios y constituía una osadía del hombre pretender entrar en esos terrenos. No se razonaba, sino se repetía lo expuesto por los peripatéticos cuyos conocimientos añejos se imponían autoritariamente.

Galileo en cambio era eminentemente deductivo y estaba convencido, acorde con su religiosidad jamás debilitada, que las sagradas escrituras no se oponían a la verdad dela Naturaleza observada por el hombre, sino que este no le daba a aquellas una adecuada interpretación.

Su religiosidad fue tal que entró a un convento. Su padre que lo quería ver médico, lo retiró, aprovechando una enfermedad que lo aquejaba. Galileo era culto, aparte del cultivo de la música y las artes, estudio latín griego y filosofía, en especial lógica.

Físicamente era de complexión más bien recia, grueso de mediana estatura y pelirrojo.

Tenía un carácter difícil aunque paternalista. Era vanidoso, irritable e incluso violento. Ambicioso y muy duro con sus oponentes. Buen polemista aunque sarcástico e implacable cuando se sabía poseedor de la verdad. Su ambición y ego le hacían dar importancia sólo a sus descubrimientos y estudios. A Kepler por ejemplo, parece que ni lo leyó, no obstante que se carteaba con él y gozaba de su admiración.

Relativamente buen comerciante, logró fabricar cantidad de inventos y sacarles precio. Hizo buena promoción de sus potencialidades y, por períodos, tuvo un buen pasar gracias a ello.. Un golpe magistral en este sentido lo dio cuando bautizó los satélites de Júpiter como los "Planetas Medíceos" en honor a la familia reinante en Florencia, la cual le trajo la amistad de la casa gobernante de los Médicis, y con ello, posición, prestigio y recursos.

Su salud fue un tanto precaria, aunque llegó ala edad longeva de 78 años. Sufrió de gota y enfermedades a la vista que terminaron en la ceguera total.

A la muerte de su padre se hizo cargo de sus hermanos como jefe de familia. No se casó, aunque tuvo tres hijos: dos mujeres (que fueron monjas) y un varón de nombre igual al abuelo. Se separó de su mujer, María Gamba, cuando los hijos fueron mayores.

Galileo fue profesor universitario en Pisa y su fama de buen expositor, que traspasó su país, le permitió tener aulas hasta con dos mil alumnos venidos de toda Europa.

En su casa hizo clases particulares y daba pensión a más de veinte alumnos que se "peleaban" al maestro.

Amigo del Papa Urbano VIII cree que esto le permitiría exponer sin atajos las ideas de Copérnico, pero su afán polemista y sarcástico, y sobretodo, el saberse poseedor de la verdad lo traicionan, se enemista con el Papa y la Inquisición lo persigue, acallándole, y cercenándole su libertad cuando ya su salud resentida no le acompaña.

Muere en Arcetri el 8 de enero de 1642, el mismo año en que nace otro gigante: Isaac Newton. La Iglesia no autoriza la sepultación del insigne patricio en sus recintos. Deben transcurrir 130 años para que se le permita descansar donde hoy se encuentra, en la Iglesia de la Santa Cruz de Florencia.

Este año de 1992 se han cumplido pues, 350 años de este acontecimiento que, para la historia de los hombres que han forjado la astronomía, es uno de sus hitos más importantes.