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Autor: Héctor Cancino T.
Socio N° 967
NOTA: este artículo fue seleccionado del boletín oficial de ACHAYA de enero de 1987.
La presencia del cometa Halley desde los últimos meses del 85 a los primeros meses del 86 originó una actividad inusitada en nuestro Observatorio de Pochoco, ya que se debió atender a un elevado número de visitas que deseaban observar a través de nuestros telescopios al tan esperado visitante cósmico.
La numerosa concurrencia de personas cada noche, y el esfuerzo desplegado por nuestros socios para atenderlas en la mejor forma posible, dio lugar en determinados momentos a situaciones anecdóticas, algunas de las cuales damos a conocer ahora.
Una noche de mediados de diciembre del 85 un grupo de jóvenes universitarios visitaba nuestro Observatorio con el fin de avistar al Halley. El cometa era todavía una mancha luminosa difusa no perceptible a simple vista.
Antes de visualizarlo por el telescopio localizamos al Halley por binoculares de 10 x 70; le facilitamos este instrumento a uno de los visitantes indicándole previamente la zona exacta del cielo hacia donde debía enfocarlo.
El visitante acató las instrucciones y de pronto exclamó sobresaltado:
-!Qué rápido viene el cometa¡
Todos nos miramos extrañados. Ocurrió que en el preciso instante que apuntaba el anteojo a la zona indicada, un satélite artificial cruzaba el cielo nocturno de norte a sur.
Por supuesto, se le hizo notar a la visita su "pequeño" error.
Un grupo bastante numeroso de turistas estadounidenses visitó Pochoco una noche de marzo del 86. Se les debía advertir que, en caso de beber agua, lo hiciesen utilizando la llave de agua filtrada existente en la cocina del Observatorio, y para tal objetivo se recurrió a los socios que hablaban el inglés. Uno de estos se aproximó a un señor y le dio una extensa explicación, en correcto inglés, para explicarle el uso del agua potable. El señor lo escuchó atentamente y luego señaló: No se preocupe... No soy turista... Soy chileno.
Para el ingreso al Observatorio de Pochoco los visitantes debían inscribirse previamente en nuestra oficina o en el stand del centro comercial Apumanque, pues cada noche se atendía sólo a un determinado número de personas.
Hubo quienes llegaron hasta Pochoco sin haberse inscrito y, por lo mismo, no pudieron ingresar al Observatorio, debiendo conformarse con observar al Halley a simple vista desde el exterior, en el camino.
Grande fue nuestra sorpresa al constatar que las observaciones eran "asesoradas" por... el portero del observatorio. |